Islas Malvinas
Pensar la Cuestión de las Islas Malvinas desde la perspectiva del Atlántico Sur y la Antártida
febrero 14, 2017

¿Quién gobierna al Leviatan?

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Cuando la gobernadora de la provincia más importante del país, Maria Eugenia Vidal, dice en una entrevista días atrás que, “…hay sectores antidemocráticos que no aceptan perder…”, señalando a intendentes, dirigentes y organizaciones sociales como los responsables de las amenazas hacia su persona, abre por lo menos algunos interrogantes.

Desde su desembarco, el macrismo (gestión a la que la gobernadora representa como uno de sus resultados más acabados) ha llevado adelante una serie de medidas que bien cabe preguntarse acerca de cuánto y hasta dónde se están respetando los principios democráticos para lo cual tan afanosamente se ha trabajado durante los últimos 40 años desde 1983.

Por un lado, se observan giros que desandan toda una construcción en política de DDHH. Uno de los primeros signos provino a primera hora, luego del ballotage del 22 de noviembre, a través del mismo periódico que ahora entrevista a la gobernadora, titulando “No más venganza” y sugiriendo que en esta nueva etapa debían terminarse “con las mentiras de los años 70”. Más tarde esa primer editorial del Diario La Nación, tomó carnadura en el señor Darío Lopérfido que con cretinos argumentos banalizó un eje central en la política de memoria, verdad y justicia. Se sumó a esto, la progresiva desarticulación de programas vinculados con la protección de testigos en causas de lesa humanidad y el pedido de prisión domiciliaria para represores condenados por esos mismos delitos. Por otro lado, el Decreto 721/16 también discontinúa una política iniciada por el entonces Presidente Raúl Alfonsín en el año 1984, sostenida por los gobiernos democráticos que le sucedieron y oportunamente fue una estrategia para que el poder civil se impusiera por primera vez sobre la corporación militar. Hoy, cuando Macri dice en su discurso “…el pueblo argentino necesita de sus Fuerzas Armadas, ahí listas para reaccionar rápido y asistir, como también necesitamos de que trabajemos juntos contra las amenazas del terrorismo…”, no hace más que retomar la Doctrina de la Seguridad Nacional, andamiaje ideológico que legitimó a todas las dictaduras militares de la región.

Por otra parte, al bochornoso nombramiento del cuestionado Gustavo Arribas y Silvia Majdalani al frente de la Agencia Federal de Inteligencia, le precedieron una serie de cambios sobre el uso de los fondos de ese organismo dejándolos librados a un uso discrecional y reservados en su totalidad, además de devolverle un poder de acción descontrolado a los agentes de dicha dependencia. A través del Decreto 656/16, en el mes de Mayo se tira por tierra la Ley Nacional 27.126 de Inteligencia y reglamentada por el Decreto 1311/15, derogándose prácticamente toda la normativa reglamentaria: la estructura orgánica y funcional de la AFI, los regímenes profesionales para los distintos tipos de personal y el régimen de administración de fondos. Anteriormente el escalafón distinguía entre “personal de inteligencia, de seguridad y de apoyo”, restringiendo la protección de identidad, solo al personal de inteligencia y para los casos en que fuera necesario. Nuevamente, TODOS son agentes de inteligencia, hasta el personal que se ocupa de la limpieza. Esto implica un retorno a la vigencia de anteriores decretos como el 1088/03 (legado de antiguos estatutos creados para organismos de inteligencia de hace 50 años) el cual establecía la preservación de la disciplina del secreto, dejando de ser este último la “excepción”, para pasar a ser la “regla”.

Un paso más hacia una matriz oscura donde priman los mecanismos de espionaje y aprietes políticos, recobrando aristas bastante disímiles de instancias que fortalezcan la institucionalidad democrática.
En simultáneo, otro actor suma gravedad a este escenario. Prestando alguno de sus figurones jurídicos, Comodoro Py, pone a disposición un séquito de jueces y fiscales que urden estrategias para inhabilitar políticamente a los adversarios, estigmatizar la política y sacar de juego a todo aquel que haya pertenecido a la gestión anterior. Y como si nada faltara, los altisonantes parlantes mediáticos amplifican una escena que muy lejos está del pan y el circo.

Mientras tanto, el gobierno, se nutre y coquetea con las babas de ese entramado. Fuerzas que conjugan un odio ancestral por lo político y por esa misma razón, tarde o temprano, acorralan a la política. De esa premisa no estaría exenta ninguna personalidad, ni figura, ni partido. Tal vez sería pertinente advertirle a la señora gobernadora y a todo el arco político del que es parte, que al hablar de antidemocrático revise los hilos con los que se tejen a diario las alianzas y estrategias de la fuerza política que integra. Eso sí, antes de que enfurezca la bestia.