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FLEXIBILIZACIÓN LABORAL

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La Patria Grande acaudillaba hasta hace pocos años un proceso de liberación nacional, intentando construir una nación latinoamericana independiente de los grandes poderes financieros internacionales. Se empezó a constituir una alianza estratégica de poder de los sectores populares. Sin independencia económica no hay independencia política posible, y a transitar ese camino en clave regional y estratégica se dispusieron Kirchner, Lula y Chávez en un primer momento, después comenzaron a sumarse otros. Así Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Bolivia se convirtieron en un proyecto político regional que había que desarticular. Así se explican y comprenden los acontecimientos actuales.

“Votamos el impeachment (contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff) para hacer estas reformas”, aseguró el diputado del gobernante Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Darcisio Perondi. La reforma laboral de Brasil fue presentada por el Poder Ejecutivo el 23 de diciembre de 2016 a la Cámara de Diputados, es una de las grandes metas legislativas de Michel Temer para poder “sortear la crisis económica” que azota a Brasil desde el 2014, y se convirtió en ley recientemente. Después de 20 años, Brasil concretó un paro general. Estas reformas  establecen, entre otras cosas, que las mujeres embarazadas puedan trabajar en ambientes insalubres, para lo cual basta con que la empresa presente un certificado médico. Repasamos los puntos más destacados de la reforma:

  1. Reforma del Sistema de Previsión Social: Aumenta la edad mínima de jubilación a los 65 años e iguala la edad entre hombres y mujeres, y entre trabajadores del campo y la ciudad. En Brasil, la ley permite que las mujeres puedan jubilarse con 30 años de aportes, y los hombres con 35 años.
  2. Congelamiento de los concursos de servidores públicos: Congela por 20 años el presupuesto para la Salud y la Educación. Si es aprobada la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) no podrán crearse nuevos puestos de trabajo. El congelamiento del salario mínimo es el primer paso para asegurar la reforma de la Sanidad.
  3. Negociación: Autoriza que los derechos previstos en la Legislación Laboral Brasileña puedan ser negociados entre los trabajadores y los contratantes. Sin embargo, en la práctica, los beneficios como el 13° salario, las vacaciones, el adicional nocturno, licencia de paternidad y el salario mínimo pueden ser relativizados.
  4. Tercerización (subcontratación): Se autoriza a las empresas a contratar servicios de terceros hasta para la actividad final que prestan las propias compañías. Esto trae como consecuencia la disminución de costos de contratación pero universaliza los tipos de contratos que se relacionan con las actividades medias, como limpieza y seguridad. Una universidad podría contratar bajo ese régimen a profesores para que presten servicios de transporte o limpieza.
  5. “Flexibilización” de la jornada de trabajo: Legaliza la contratación temporaria incluso por pocas horas y permite ampliar la jornada de trabajo de 8 horas a 12 horas diarias.

La “flexibilización” laboral, eufemismo si los hay. Un tema tan delicado que aún se discute es si el golpe de estado del ‘76 tuvo más que ver con el supuesto combate a la subversión o con eliminar todo derecho laboral que exista en la Argentina, justamente porque al momento del golpe las organizaciones político-militares carecían de la capacidad para realizar acciones armadas de envergadura, por lo tanto se dedicó a la flexibilizar las leyes laborales. ¿De dónde veníamos? Del ‘73, de una alianza (Estado – producción y trabajo) que vuelve a reconstruir la nación. Movimiento Obrero organizado, las clases medias a través de la juventud, las pequeñas y medianas empresas nacionales, y el Estado con sus grandes empresas estratégicas. El programa del ‘73 nacionalizó la banca y repartió la riqueza (50% a los trabajadores y 50% al capital), el índice de pobreza bajó al 7% (en el 2001 llegó al 60%), la desocupación prácticamente no existía y el empleo que había era casi todo en blanco, la educación y salud eran derechos sociales y públicos, garantizados por el Estado, se nacionalizó el comercio exterior para poner en movimiento las principales empresas estratégicas, para desarrollar tecnología propia, para recuperar y llegar a producir a nivel local alta tecnología, para obtener independencia económica. Eso era peligroso. Y el golpe da su primer golpe con la ley de entidades financieras: lo primero que desarticulan fue que las finanzas dejen de estar al servicio de intereses populares y pasen a estar al servicio de sectores financieros y de poder. Con eso destruyeron la posibilidad de que el ahorro nacional financie la producción y el trabajo (función que de manera similar –y con ese objetivo se creó– sostenía el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, por eso lo desguazan).

Con el advenimiento de la democracia, el gobierno radical de Raúl Alfonsín se propone impulsar la ley Mucci, un proyecto que pretendía democratizar los sindicatos (restringiendo el control de sus fondos), pero que en los hechos terminaba siendo una intervención. Fue la primera gran derrota de un gobierno que venía con un enorme apoyo, y así pierde en el senado. Adolfo Calitrot (funcionario radical), con una gran claridad conceptual, decía: “Nosotros queremos bajar el costo laboral argentino pero la clase obrera se defiende como gato panza arriba”. Rodolfo Terragno, otro destacado dirigente radical durante el gobierno de Alfonsín, afirmaba que era imposible que despegue la economía argentina con las leyes laborales que existían porque hacía que sea muy cara. Es decir, esta es una ideología muy sostenida pero, sin dudas, fue durante el menemismo que prosperó.

  • Contrato Basura: Debían pasar de tres a seis meses para ser reconocido por la empresa. Sin garantías de continuidad. Durante ese período no tenían aportes, y sin indemnización, por supuesto.
  • Ley nacional de empleo y contratación. Agencias de trabajo: el auge de las agencias que significó la tercerización. (José Pedraza, el líder de los ferroviarios, era el dueño de una agencia de trabajo)
  • Las AFJP: te daban una de prepo y te sacaban el derecho a la jubilación. (Cavallo, el Ministro de economía de Menem, lo explicaba como un régimen de solidaridad previsional, como ahora lo hacen con la reparación histórica).
  • Reducción de las indemnizaciones. Este es un problema que siempre se esquiva. Siempre se dice que “con estas indemnizaciones es imposible que la patronal contrate nueva mano de obra”, y no se verificó en los momentos de crisis, cuando hubo flexibilización laboral, que hayan contratado más de los que tenían que contratar.
  • Ley de riesgos de trabajo, ART: cuando surge desresponsabiliza a las patronales de cualquier accidente de trabajo o enfermedad en el momento laboral.
  • La ley de responsabilidad empresaria y el trabajo esclavo (Dato: desde que se le devolvió el RENATEA al Momo Venegas, no hubo una sola denuncia más de trabajo esclavo en el campo, se despidieron 800 trabajadores de ese organismo y no hubo más denuncias).

Todas estas son reformas de los ‘90. En 1997, Armando Caro Figueroa, Ministro de trabajo, anuncia tres decretos que flexibilizan el trabajo en la sala de prensa de la CGT, luego de que un fallo de la justicia los declarara inconstitucional. Primero, Daer arranca diciendo que entienden que esos decretos son un mal paso del gobierno pero privilegian el diálogo para resolver el mal momento que se atraviesa, sobre todo por la gran cantidad de desocupados. Finaliza, ante las preguntas de los periodistas, afirmando que eran inaplicables y que esperaban que la justicia haga justicia. Mientras, Cavallo proponía pagar el aguinaldo en 12 cuotas, para hacerlo desaparecer.

Cuando llegó el gobierno de De La Rúa, con la famosa Ley Banelco, la entonces diputada Stolbizer, parlamentaria por la Alianza, integraba la comisión de legislación laboral y estaba a la cabeza de los diputados radicales en la materia. Entre otras cosas, también se estableció bajar los costos de los empresarios flexibilizando a los trabajadores.

En el mini Davos del año pasado se destacó el reclamo por la flexibilización laboral. El CEO de Carrefour, que tiene 20.000 empleados en Argentina, no solamente pidió la flexibilización aludiendo que el gran eje de los costos argentinos es el salario, sino que también pidió la apertura de la economía, dos medidas que tienden a bajar la dignidad laboral que un país puede tener. Argentina tiene muchísimas leyes laborales, pero además tenemos algo inédito en el mundo, que son las comisiones internas de delegados, que en los supermercados están vigentes y que obliga a cada una de las patronales a negociar dentro de su propia empresa con gente que no puede echar. Eso es inadmisible y no ocurre en ningún país de la región.

Ahora, ¿cuál es el argumento que se esgrimió durante la dictadura, con Alfonsín, con Menem, con De La Rúa y ahora con Macri?: si no se flexibiliza el trabajo no podemos competir. Un argumento profundamente clasista. Esta ofensiva puede prosperar o no. Sólo hay dos elementos que pueden frenar a Macri, el parlamento o los sindicatos.

Prof. Historia M. Cecilia Moreno