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EL LOBO DE ROSENDO

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A 51 años de la muerte de Rosendo García en un tiroteo entre dirigentes sindicales metalúrgicos dentro de la confitería “La Real”, repasamos la vida y trayectoria de Augusto Timoteo Vandor, “el Lobo” de Rosendo. La muerte de García puso en evidencia que el promotor del “peronismo sin Perón” no toleraría, sin embargo, un “vandorismo sin Vandor”.

Pendulando entre el integracionismo colaboracionista (el “peronismo sin Perón”) y la resistencia con una táctica devenida en estrategia (“golpear para negociar”), Vandor representa al tipo de dirigente sindical denostado, a un mismo tiempo, por aquellos que consideran que las necesidades inmediatas de los trabajadores deben supeditarse a las del proyecto político que diga incluirlas, así como por quienes denuncian su pasividad ante la represión de sus representados y su colaboración y negociación con gobiernos radicales débiles e ilegítimos y dictaduras militares.

En noviembre de 2012, las dos CGT (la opositora Azopardo de Hugo Moyano, y la Balcarce oficialista de Antonio Caló) realizaron un acto desagravio a Augusto T. Vandor, pues sin dudas su estilo sindical lo sobrevivió, aquel que en su mejor acepción pretendiera, sin Perón, la renovación de las viejas banderas del Laborismo.

Más recientemente, este 1° de mayo, en pleno acto de la CGT por el Día del Trabajador aparecieron mensajes contra el titular de UATRE (Trabajadores Rurales), Gerónimo “Momo” Venegas, aliado del presidente Mauricio Macri. “Momo Venegas Traidor. Te va a pasar lo mismo que a Vandor”, decían los afiches encontrados en el estadio Obras Sanitarias. Es que del “peronismo sin Perón” pasamos al oximorónico “peronismo Cambiemos”. “Nosotros somos el peronismo Cambiemos. Venimos trabajando juntos con el Gobierno”, dijo el ruralista en el acto paralelo realizado en el microestadio de Ferro, junto al presidente y gran parte del Gabinete nacional, todos delante de la imagen de Perón y Evita.

Una figura tan importante de la historia del sindicalismo argentino, como Augusto T. Vandor, reclama un análisis más profundo que los que lo reducen a “traidor” o incluso “aliado y soldado del general Perón” (Juan Belén, exsecretario adjunto de la UOM).

Augusto Timoteo Vandor nació el 23 de febrero de 1923 en Bovril, un pequeño pueblo de la provincia de Entre Ríos. “Será un pueblo chico –decía Vandor–, pero ha dado dos dirigentes gremiales y eso no lo pueden decir muchos”. Es que allí nació también el prehistórico Antonio Ramón Baldassini, actual secretario general de la FOECYT (Correos) desde marzo del ’76.

Contando 14 años y con escalas en Santa Fe y Rosario, Vandor emigra y termina, como muchos, en Capital, donde ingresa a la Escuela de Mecánica de la Armada; de allí obtiene el título de maquinista naval, gracias al cual recorre el mundo. En 1947 se retira de la Marina como cabo maquinista y realiza diversos trabajos temporarios, hasta que en 1950 entra como soldador en la planta de Philips Argentina.

Si el liderazgo sindical entre los años ’20 y ’40 pertenecía indiscutidamente a la Unión Ferroviaria, dando cuenta de la importancia vital del transporte para el modelo agroexportador, desde mediados de la década del ’40 y en coincidencia con el desarrollo de la siderurgia nacional motorizada por la industrialización por sustitución de importaciones, el sindicato líder dentro de la CGT fue la Unión Obrera Metalúrgica, llamada la “nave insignia del movimiento obrero”. A mediados de la década del ’50, la metalurgia en sus diversas actividades contaba con más de 300.000 trabajadores: uno de cada tres obreros industriales era metalúrgico.

Es nada menos que en este gremio de vanguardia donde Vandor inicia su actividad sindical, escalando rápidamente: en 1951 ya es delegado al frente de 300 compañeros metalúrgicos, en 1954 es asesor del sindicato y al año siguiente Secretario General de Seccional Capital.

Producido el golpe del ’55, Vandor es despedido de Philips y, por su participación en la ocupación de la fábrica, detenido durante 6 meses en distintas cárceles del país. El ’56 lo encontró acompañando largas jornadas de huelga de metalúrgicos, consolidando un incipiente prestigio que luego haría valer cuando, desoyendo las órdenes abstencionistas de Perón, gana posiciones en el Congreso Normalizador de la CGT en 1957, convocado por la dictadura. Del fracaso de este congreso surgirían las llamadas “62 organizaciones”, representantes de los gremios peronistas.

Con la llegada de Frondizi (UCRI) en 1958 en virtud de un pacto preelectoral con Perón, se da también el ascenso de Vandor al Secretariado Nacional de la UOM. Establecido ya como uno de los principales dirigentes gremiales del país, contacta por primera vez con Perón exilado en Trujillo, República Dominicana. Aquí, también por vez primera, advierte la enorme dificultad de las posibilidades de retorno del presidente depuesto y comienza a pensar en la necesidad de reorganizar al peronismo sin la presencia del líder: es la idea del llamado “peronismo sin Perón”, del cual sería su más fuerte promotor.

1959 será el año en que se consolida y justifica la táctica típicamente vandorista. Es que la toma del frigorífico municipal “Lisandro de la Torre” por parte de sus trabajadores, debido a la privatización propuesta por Frondizi, condujo a la aplicación del llamado Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado). El plan en cuestión habilitaba a las Fuerzas Armadas para reprimir las huelgas y protestas obreras y poner a los activistas bajo jurisdicción de los tribunales militares. Las duras consecuencias sufridas por los trabajadores, sobre los que, además, recaía todo el peso de la Resistencia Peronista, hizo que dentro del sindicalismo gane terreno la táctica de Vandor de “golpear para negociar”. Esta consiste en mostrar el poder, exhibir la fuerza de los sindicatos, pero al mismo tiempo no ir más allá, para ofrecer la posibilidad de negociación a los empresarios y al Estado, y de esta forma evitar la persecución y represión.

Sin embargo, mucho menor fue la preocupación por la suerte del obrero metalúrgico Felipe Vallese cuando en agosto del ‘62 es secuestrado y torturado hasta su muerte por la policía bonaerense. Vandor y el sindicato, informados del paradero de Vallese cuando aún estaba con vida, en una pasividad que luego es presentada como una de las razones de su asesinato, no mueven un dedo. Años más tarde, el Congreso de la CGT de enero de 1965 al igual que el salón de actos de la central obrera llevan su nombre.

Llegamos a marzo de 1962 y hay elecciones legislativas y de gobernadores. Frondizi, que mantiene la proscripción de Perón, autoriza, sin embargo, las candidaturas de otros peronistas. Resultado: triunfa el peronismo en ocho provincias. Consecuencia: las Fuerzas Armadas desplazan a Frondizi del poder y quien asume luego en interinato, el presidente del Senado, José María Guido, anula las elecciones y dispone el envío de interventores federales a las provincias.

Las elecciones presidenciales del año siguiente fueron el escenario donde disputaron, nuevamente, Vandor y Perón. La CGT con Vandor propone un candidato; Perón, otro. Ninguna de estas listas peronistas será admitida y el triunfo, finalmente, es para el radical Arturo Illia (UCRP), abonando una vez más a la situación de “semidemocracia” y de gobiernos ilegítimos por la proscripción del peronismo.

Ya para 1964, con el ascenso de Illia a la presidencia y luego de que José Alonso (Textiles) asumiera la nueva conducción de la CGT el año anterior, Vandor es el hombre más fuerte del llamado neoperonismo.

Aunque Illia se negó a aplicar el Plan CONINTES (lo que, en definitiva, le valió el mote de lento, tortuga), sí intentó, sin embargo, tutelar el funcionamiento de la central obrera a través del manejo de los fondos sindicales y las elecciones internas. La reacción de la CGT, siguiendo siempre la táctica de “golpear y negociar”, fue la ocupación masiva de fábricas y la movilización de millones de trabajadores.

Un nuevo hecho, también ocurrido en 1964, vendría a reforzar la idea de un “peronismo sin Perón”: fue el frustrado Plan Retorno, que puso de manifiesto que el regreso de Perón a la Argentina resultaba casi imposible, y que por lo tanto habría que pensar un futuro sin Perón, un peronismo conducido por los sindicatos. El neoperonismo ganaba terreno y la confrontación interna pudo verse claramente en las elecciones legislativas de 1965, en las cuales el gobierno autorizó la participación de peronistas, que en las provincias se presentarían divididos: peronistas (leales a Perón) y neoperonistas (vandoristas). La tapa del influyente semanario Primera Plana fue más que ilustrativa cuando tituló: “¿Vandor o Perón?” Ante esta situación, el ajedrecista en Madrid decide mover la dama, enviando a Isabel a la Argentina en misión de bendecir las fórmulas leales a Perón, que terminan venciendo a los candidatos que respondían a Vandor. Ahora, Primera Plana rotularía, junto a los retratos de Isabel y Perón, “Los que mandan”.

Llegado el año ’66, la postura de Perón, en un mensaje a Alonso, fue taxativa: “El enemigo principal es Vandor y su trenza”. Es así que, en un intento de definir al peronismo desautorizando a Vandor, se resquebrajaron las “62 Organizaciones”: una parte seguía respondiendo a Vandor, y otra, encabezada por Alonso, pasaría a llamarse las 62 Organizaciones “De pie junto a Perón”.

Dábase esta división también en el seno de la propia UOM, llegando a su punto más álgido cuando el 13 de mayo del ’66, hallándose en un mismo lugar (la confitería “La Real” de Avellaneda) los principales dirigentes metalúrgicos, tanto vandoristas como del peronismo revolucionario, se produjo un tiroteo que, entre otras dos víctimas más, se cobró la vida de Rosendo García, mano derecha de Vandor. Rodolfo Walsh responsabiliza a Vandor por todas las muertes, incluyendo la de García. Lo cierto es que la figura de García venía ascendiendo aceleradamente y algunos sectores levantaban su candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el peronismo vandorista. De ser cierta la hipótesis de Walsh en ¿Quién mató a Rosendo? (ensayo, por otro lado, avalado por pericias balísticas que luego el expediente judicial desestimó), la muerte de García puso en evidencia que el promotor del “peronismo sin Perón” no toleraría, sin embargo, un “vandorismo sin Vandor”. Tal es así que de estos mismos días data la ruptura con el secretario general de la UOM seccional San Nicolás, José Ignacio Rucci, a quien Vandor consideraba demasiado duro para la línea que intentaba imponer.

Habiendo propiciado la caída de Illia, y confiado de su táctica de “golpear y negociar” (a estas alturas ya claramente devenida en estrategia), se lo vio a Vandor de corbata y en la Casa Rosada el día de la asunción del Gral. Juan Carlos Onganía el 29 de junio de 1966. Esta estrategia vandorista entró en crisis cuando comprobaron que el nuevo gobierno, a diferencia del radical, era uno capaz de absorber los golpes y de ningún modo dispuesto a negociar. Sin embargo, la nueva conducción en la central obrera siguió en manos de la alianza de vandoristas e independientes, todo ello mientras la dictadura imponía intervenciones sindicales y medidas fuertemente restrictivas a la actividad gremial.

El año 1968 marca el declive político de Vandor y su desprestigio sindical irá en aumento al compás de la división de la CGT: por un lado, los que siguen a Vandor (CGT Azopardo), identificados como la “burocracia sindical” colaboracionista; y un sector fuertemente combativo, por otro lado, que formaría la “CGT de los Argentinos” (CGTA o CGT Paseo Colón), encabezada por Raimundo Ongaro (Gráficos) como su secretario general. Fue esta última central la que logró aglutinar al vasto polo opositor que se va a lanzar a las calles durante los Rosariazos (de mayo y junio del ’69) y el Cordobazo. El prestigio de la CGTA irá en aumento, insistiendo en contrastar con la actitud colaboracionista de la central conducida por Vandor.

Se acerca el final y Vandor ya tiene demasiados enemigos. Es momento, pues, de intentar reconciliarse con Perón que, como Rosas en 1833, se hacía imprescindible en la ausencia. Allí, en Puerta de Hierro, Perón le pide a Vandor que le comente la situación en Argentina. Tras escucharlo, Perón le dice:

– Hace poco estuvo acá este muchacho… Ongaro, y me relató cosas muy distintas a las que usted me está diciendo ahora.

– Pero no, General –respondió Vandor con una sonrisa–: Ongaro está loco.

– A mí me pareció un muchacho bastante lúcido.

– Pero, General, si hasta dicen que Ongaro habla con Dios…

– Mire, Lobo, mientras no hable con los milicos –respondió Perón, visiblemente ofuscado–, que hable con quien se le antoje.

Pero el destino del Lobo, según el diálogo que mantuvo con Perón en Irún, ya era ineludible:

– Ahora usted está entre la espada y la pared: si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata –Vandor comenzó a llorar, mientras Perón continuaba: – Usted no es tan habilidoso como se cree, no sea idiota, en esto no hay habilidad, hay honorabilidad, que no es lo mismo.

Fue así que una mañana, la del 30 de junio de 1969, cuatro sujetos entran a la sede Capital de la UOM de Rioja 1945, buscan a Vandor y, cuando lo encuentran, le disparan cinco tiros. Luego activan una bomba que se detonaría a los dos minutos, dando tiempo a los presentes a escapar y salvar de la explosión al cuerpo ya sin vida de Vandor.

La causa que investigó su muerte se cerró en 1972 sin encontrar culpables, al mismo tiempo que el llamado Ejército Nacional Revolucionario, de la izquierda peronista y que luego se integraría a Montoneros, se adjudicó la acción bautizada como “Operativo Judas”, supuestamente llevado a cabo por el comando denominado “Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis”, uno de los asesinados en la pizzería “La Real”, junto a Juan Salazar y Rosendo García.

Su último acto, en los minutos previos a su muerte, dio cuenta de su actitud durante los últimos años: los atacantes lo encontraron mientras el Lobo mantenía una conversación telefónica con Antonio Cafiero, quien estaba preguntando por la posición que tendría la CGT vandorista frente al paro general lanzado para el día siguiente por la CGTA.

– Quédese tranquilo, Cafierito, está todo bien. Acabo de hablar con el coronel Prémoli y nos juntamos a la una para almorzar.

Prémoli era el secretario de informaciones de Onganía. Vandor no llegó a la cita y nunca pudo decirle que la CGT que comandaba seguiría sus excelentes relaciones con la dictadura y no paraba.

Al final de este relato, quisiéramos dejar algunas reflexiones.

La verdadera “traición” de la que se lo acusó a Vandor no consistió tanto en deslealtad hacia la persona de Perón como en sus vínculos con la embajada norteamericana y la CIA, así como su colaboracionismo integracionista con los gobiernos radicales y las dictaduras militares, todos errores políticos y estratégicos sin justificación frente al movimiento obrero.

Por otro lado, un “peronismo sin Perón”, en su mejor acepción, podría haber significado no ya la plataforma para dirigentes ambiciosos que explotaran la ausencia del líder, sino un proyecto que posibilitara a los sindicatos (como “columna vertebral del movimiento”) conducirse por sí mismos en el marco de la enorme incertidumbre por la vuelta de Perón y su expectativa de vida.

Tampoco debemos olvidar que, mientras los altos mandos establecían pactos (como con Frondizi), se enviaban misiones para dirimir internas (como con Isabel) y se daban interminables idas y vueltas de dirigentes políticos y sindicales hacia cual fuera el lugar de exilio de Perón, los trabajadores debieron continuar y mantener el movimiento en pie, cargando con todo el peso de la Resistencia Peronista. Teniendo en cuenta lo dicho, no es de extrañar, pues, que en este contexto gane terreno la táctica de Vandor de “golpear para negociar”, o que incluso se presenten alternativas políticas, sin incurrir en traiciones, que contemplen un futuro (biológica y tácticamente cierto) sin Perón.

Así como quienes llevaron adelante la Revolución de Mayo en sus primeros años (concretamente hasta 1813) jamás hablaron abiertamente de la “máscara de Fernando”, Vandor nunca habló de “peronismo sin Perón”, naturalmente. Queda a nosotros interpretar, más allá de las declaraciones oficiales, de qué se trata el “peronismo Cambiemos”.

Juan Manuel Reche – Profesor de Historia