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Jubilarse en la Argentina
febrero 18, 2017

EL DESPRECIO

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“Son nueve mil y pico”…afirma con rostro amargo y testarudo. Insiste: “No, nueve mil y pico”, replica como quien cierra una apuesta y clausura la discusión sin más.  El malestar que trasunta la gestualidad de Mauricio Macri, en la vitrina chic farandulesca, no tiene que ver con dejar en evidencia su desconocimiento sobre cuestiones tan sensibles como cuál es el haber mínimo de un trabajador pasivo. Del mismo modo que en otras ocasiones, bien podría, haber sorteado el escollo con esos giros seudo simpaticones que desliza, vestido con  sonrisa cool, diciendo: “esa te la debo”,  saliendo airoso de  conferencias de prensa plagadas de fallidos.

Sin embargo, en esta oportunidad, las formas y declaraciones del presidente, lejos del gambeteo, solo destilaron furia contenida y un profundo desprecio. El desconocimiento del valor actual de la jubilación mínima significó una declaración de principios en sí misma. Tirar una cifra a la marchanta no fue producto de un descuido, sino la manifestación explícita  y sin matices, de que ciertos temas y preocupaciones de inmensos grupos sociales no gravitan ni por asomo en el imaginario de la Alianza Cambiemos.

Las expresiones vertidas no son más que la anulación, completa y absoluta, de la compleja y angustiante situación de un universo muy golpeado por esta gestión, los jubilados: estafados por una “reparación histórica” inexistente, con un poder adquisitivo dinamitado por el aumento imparable de los alimentos y servicios básicos,  y vulnerados tras  una serie de medidas que les quitaron de la noche a la mañana  la cobertura de sus medicamentos. Frente a tamaña situación lo que aparece como respuesta es un equívoco, que no es más que el  grosero desprecio que caracteriza a  esta gestión por los sectores populares. Los exabruptos no  son casualidades, en esas declaraciones el velo se corre y aparece el rostro de una clase social  y sus  modos  concomitantes, los  de un “patrón” que no sabe y tampoco le interesa saber. Porque cuando el armado social se asienta  sobre el callejón sin salida de los méritos y los  esfuerzos individuales, hay algunos  “que no merecen” y  para ellos el trato dispensado es el desprecio.

Para las elites, para la creme de la creme, para los pitucos, para los dueños de la tierra, para los perpetradores del Genocidio del Desierto, para los patrocinadores del Roca-Runciman, para los benefactores de la Patria Contratista, para los estatizadores de la deuda privada, para los favorecidos por la ola privatista, para los ganadores del Megacanje y ahora de las Lebacs, hay un conjunto de “otros” que poco cuentan. Configuran un mundillo de indignos, a los que se los despoja de derechos y se los ningunea, entre ellos los que cobran una jubilación mínima si peinan canas o asisten a una escuela pública como lugar de formación y supervivencia. Los indignos están “caídos”, claro, del mapa de representaciones sociales de la clase que hoy gobierna. Y en esas tribulaciones, plagadas de destrato y ofensas, intentan erosionar derechos adquiridos, Convenios Colectivos, Movilidad Jubilatoria, Educación Pública, poniéndose en juego la misma condición de ciudadanía. Porque para cierta estirpe patricia, si la vaca no está atada, a joderse.

Observatorio de la Seguridad Social – CEPID