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“DÍA DEL TRABAJADOR”

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El 1º de Mayo se convirtió en fecha histórica a raíz de los sucesos de 1886 en Chicago, cuando en el marco de una fuerte represión sobre los trabajadores que reclamaban por una jornada de trabajo de 8 horas (en momentos en que eran de 14 o 16 horas), cinco trabajadores fueron ejecutados. De allí que los “Mártires de Chicago” fueron la razón por la cual la Internacional Socialista en 1889 decidió que esa sería la fecha en que se conmemoraría su día: el Día Internacional de los Trabajadores.

En 1890 se realiza el primer acto por el Día del Trabajador en Argentina en el prado español, donde ahora es Recoleta. Una de las características más interesantes de ese acto fue que hubo ocho oradores y cada uno de ellos habló en su idioma natal, es decir, se pronunciaron ocho idiomas diferentes (incluso idish), porque todos eran trabajadores pero no se entendían entre sí (sólo entre españoles e italianos había varios dialectos). El objetivo que se buscaba era generar una consciencia obrera que supere a las distintas identificaciones nacionales: la italiana, catalán, polaca, etc. Ese acto salió en todos los diarios de la época, comunicado con una mezcla de horror y celebración. Una mención del diario La Nación decía que “por suerte había pocos argentinos en el acto”. Ese mismo año también se intenta cumplir en Cuba con el acto establecido conforme a la fecha. Recién al año siguiente se llevó a cabo en México y Brasil, y a fines del siglo ya se realizaba en Chile y Uruguay. El resto de los países (excepto, naturalmente, los EE.UU. y Canadá) lo fue incorporando durante el primer cuarto del siglo XX.

Al año siguiente, en Argentina, empezó a haber dos actos para el 1º de Mayo, uno de los anarquistas y otro de los socialistas. Eso derivó en una división de las organizaciones obreras. En 1902 se hizo presente la policía en el acto anarquista, dejando 14 muertos y 80 heridos. En 1909 la represión fue más feroz, lo que generó que en el entierro de las víctimas empiece una huelga general y movilización de los trabajadores que duró una semana, durante la cual no hubo ni comercio ni industria en la ciudad de Buenos Aires. Recién durante el gobierno de Yrigoyen, en 1921, se reconoce oficialmente y como feriado al 1º de Mayo. El golpe de estado que derroca a Yrigoyen se produce el 6 de septiembre de 1930, y veinte días después surge la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT). Por primera vez se unifica el movimiento obrero en Argentina, imitando el modelo francés que se llamaba igual, CGT. A partir de ahí en muchísimas oportunidades se unió la CGT y en otras tantas se volvió a dividir.

Con Perón al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión, se empiezan a unificar todas estas tendencias y se consiguen muchísimas conquistas para los trabajadores. A partir de 1955, cuando derrocan a Perón, la CGT hereda todo ese poder, y con una enorme cantidad de afiliados comienza una nueva división: entre los que resisten y los que proponen dialogar. Para 1968 Augusto Timoteo Vandor quería reemplazar a Perón al frente del peronismo, entre otras cosas: “peronismo sin Perón”. Frente a un Vandor negociador, nace en 1968 toda una corriente sindical combativa liderada por Raimundo Ongaro y surge así la famosa “CGT de los Argentinos” que incluso tenía un diario de “Noticias Argentinas”, en el que escribe, entre otros, Rodolfo Walsh. Esto describe un momento en el que la intelectualidad estaba muy ligada y comprometida con lo que pasaba en el mundo obrero. Con el regreso de Perón se vuelve a unificar la CGT pero con el golpe de 1976 se da una nueva división, entre los que se definían dialoguistas (CGT Azopardo), y la CGT Brasil, más combativa y que, entre otras cosas, denunció a la dictadura en la OIT. La CGT Brasil en ese entonces estaba conducida por Saúl Ubaldini y, la CGT Azopardo por Jorge Triaca (padre).

Con el regreso de la democracia esa división queda unificada en la figura de Ubaldini, que le hizo 13 paros generales a Raúl Alfonsín. Pero cuando llega el Menemismo al poder, la central obrera se vuelve a dividir, en esta oportunidad entre: el sector que conduce Luis Barrionuevo (ultra-menemista); el sector de “los gordos”, que sin enfrentar demasiado a Menem, hacían algunos reclamos sindicales; un sector conducido por Hugo Moyano (MTA) que no quería romper la CGT pero era más combativo; y, por último, el sector que luego va a conformar la CTA, que eran básicamente una porción de los estatales y los docentes que llevaron adelante muchísimas luchas durante todo el menemismo. Desde ese momento no se volvió a unificar nunca más la CGT, es decir, todo el movimiento obrero organizado en una sola y única central que los represente. Por momentos ciertos sectores se unificaron: Hugo Moyano condujo la CGT durante mucho tiempo, el sector de De Gennaro no volvió nunca más a participar en ese espacio y jamás fue reconocido como Central de Trabajadores.

Recién el año pasado, específicamente en el acto del 29 de Abril, volvió a unir a todas las cinco centrales obreras (alguien podría alegar que denominar a la de Luis Barrionuevo  Central Sindical es darle demasiado prestigio, pero figura como tal) en un mismo reclamo. Antonio Caló, Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Hugo Yasky y Pablo Micheli todos unidos en una lucha, esto no sucedía desde hacía 20 años aproximadamente. Con otra característica: el poco tiempo que demoraron en pronunciarse contra las políticas de ajuste del gobierno. Si bien De la Rúa tuvo un paro general a los tres meses de asumir, recordemos que se venía de los ‘90, de una crisis sostenida y largamente anunciada. Ahora se llega después de más de 10 años en los que se negociaron paritarias ganándole a la inflación, con una gran cantidad de trabajadores y un altísimo nivel de actividad.

Este 6 de Abril se concretó finalmente un paro general. Triunvirato de por medio, estamos nuevamente frente a un movimiento obrero divido, que durante todo el mes de marzo estuvo manifestándose en las calles, hombres y mujeres, trabajadores formales e informales, del extremo sur de la patria al norte; incluso el día del paro general, en varios puntos del país, movimientos intersindicales locales realizaron actos de repudio al gobierno. Impera un efecto de unificación del reclamo y una enorme capacidad de movilización. La escuela itinerante es una muestra irrefutable de la continuidad de la lucha por todos los medios posibles, de dirigentes comprometidos y a la altura de las circunstancias. En el marco y en la medida de lo que se enfrenta, corporaciones económicas y comunicacionales y su gran objetivo: la flexibilización laboral; las herramientas del movimiento obrero presentan condiciones muy necesarias, pero no parecen ser suficientes.

Es un lugar común afirmar que América latina está en crisis. Que la deuda externa aumenta sideralmente, que se sostiene la caída de los precios de nuestras materias primas, todavía fuente principal de nuestros ingresos, que el acabado modelo del  capitalismo dependiente no logró ser sustituido por alternativas más creativas y válidas.

Los modelos de desarrollo de las décadas pasadas en la región no fueron capaces de resolver, aun durante una coyuntura de prosperidad y bonanza, el aumento de la demanda de trabajo, con una distribución más equitativa de los ingresos y un verdadero desarrollo autosostenido e independiente. La actual crisis en América latina, y en Argentina en particular, se traduce en nuevos retos para la clase trabajadora y sus organizaciones. Políticas de austeridad, redistribución del ingreso desde abajo hacia arriba, disminución del poder adquisitivo, caída del mercado interno, no son sólo desafíos coyunturales de la región. La dramática reducción de fuentes de trabajo, el aumento de la llamada economía informal y el desempleo, impactan no sólo en la convocatoria y lucha de las organizaciones gremiales, sino que, al igual que en décadas pasadas, van acompañadas de cambios ideológicos y sociológicos en la misma clase trabajadora con efectos profundos y devastadores.

¿Tenemos respuesta para los problemas tradicionales como son la transmisión ideológica al campo sindical, la relación entre autonomía y dependencia de las organizaciones obreras con los partidos políticos, la estrategia de la clase trabajadora frente a gobiernos de tinte más popular que, a pesar de la cercanía ideológica, no pudo o no quiso cumplir con las demandas populares?

La coyuntura actual, más que convocarnos a una fiesta del 1º de Mayo, nos exige, en todo caso, interpretarlo como un llamado a una mejor y mayor preparación para los retos señalados. Apoyar modestamente ese proceso es la intención de este Centro de Estudios.

María Cecilia Moreno – Profesora de historia