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Chacho Peñaloza

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Un niño nace en la Rioja,

¿Qué destino ha de tener?

Para defender su provincia,

¡montonero habrá de ser!

– Jorge Cafrune, Cancion de cuna del Chacho

“Pocos habrá, quizás, que conozcan una existencia extraordinaria, ese caudillo valiente, generoso y caballeresco, que ha sido actor en las escenas más notables del drama de nuestras luchas civiles y a quien sus perversos enemigos han pintado como el tipo de la ferocidad y encarnación del crimen. Peñaloza, puede decirse muy bien, que ha sido durante su azarosa vida: una propiedad de la patria y de sus amigos. Era una de aquellas almas inspiradas solo en el bien de los demás, uno de aquellos corazones que no conocen jamás el odio, el rencor, la venganza ni el miedo. Si sus enemigos hubieran abrigado un átomo siquiera de los generosos sentimientos que él atesoraba en su alma, no habrían sido jamás, tan injustos y tan crueles con él. Sabemos muy bien que nuestra tarea de hacer conocer la historia de ese patriota infortunado nos valdría, cuando menos, de parte de sus encarnizados enemigos, la burla, los apóstrofes groseros, el insulto y la calumnia. Pero, por odiosa que esta tarea resulte a ciertos ojos, no puede, semejante consideración, influir más en nosotros que el sentimiento de justicia que coloca la pluma en nuestras manos. Con objeto menos loable, se han tomado otras tareas más arduas. Sarmiento escribió su Facundo sin más objeto que deprimir un partido que no podían vencer haciéndose remunerar con largueza por los suyos ese trabajo. ¿Qué extraño es, pues, que nosotros dediquemos algunas palabras a un héroe sencillo y modesto, cuando, sobre todo, estamos muy distantes de ser alentados con la esperanza de ninguna recompensa?”…“Peñaloza ha pasado su vida en los campos de batalla, y la historia le consagrará una página sin mancha”. (Fragmento de José Hernández, 1863).

En el año 1798, cuando La Rioja todavía pertenecía a la Corona española, en un rancho ubicado en  Guaja, nacía Ángel Vicente Peñaloza, “un changuito rubio de ojos celestes”. Proviene de una familia rica, de lo que se puede considerar para aquella época: su padre tenía una extensión importante de campos en la los llanos de la Rioja. Fue criado por un tío y sacerdote, quien sembró en él amor a la tierra y a su pueblo, y le dio el nombre con el que el dejaría su huella en la historia: “Chacho”. Se crió entre las costumbres y luchas de su tierra, en una sociedad pastoril y modesta. Ya en la adolescencia se trasladará a vivir con otro tío de formación militar.

En ese contexto conoció a Facundo Quiroga y se unió a sus huestes en 1820 (1).  Junto a Quiroga crecerá política y militarmente. Terminadas las guerras de Independencia, comienza una guerra civil atroz en la que se dirimen dos proyectos de país totalmente irreconciliables: unitarios y federales (2). En 1835 Facundo Quiroga mantenía firme su convicción de organizar el país bajo una Constitución, pero el destino lo deja fuera del camino cuando el 16 de febrero de ese año es asesinado. A partir de ahí el Chacho surgirá como nuevo caudillo capaz de organizar todo el sector andino en la causa federal. Pero será derrotado en dos oportunidades y tendrá que exiliarse a Chile durante varios años, los que él mismo definirá como los peores de su vida, padeciendo pobreza y exilio (1). Al regresar a su tierra y durante todo el periodo que duro la separación entre Buenos Aires y la Confederación mantiene buenas relaciones con Urquiza, en quien ve la posibilidad concreta de política nacional. En julio de 1855 lo asciende a coronel mayor y luego el Congreso lo eleva al rango de general. Pero en 1861, Urquiza le regala a Buenos Aires la victoria en el campo de Pavón, con lo cual Mitre se consolida en el poder junto con su voluntad oligárquica en todo el resto del territorio nacional. Entre 1862 y 1865 el Ejército nacional lleva adelante una feroz represión en el interior, masacrando y arrasando a gobiernos populares y miles de gauchos. En ese marco el Chacho encontrará el final de sus días (1).

La vida del Chacho Peñaloza transcurrió en el campo de batalla, defendiendo la causa de su pueblo. El caudillo riojano sintetiza en su vida y en su propia muerte todo lo que significó en la Argentina la violencia desencadenada sobre los humillados y ofendidos. El Chacho es la representación de los humillados por la propia historia (3). Un hombre muy consustanciado con la masa popular permitió que esa masa popular se reconociera en él. Recordar al Chacho es recordar lo peor que pudo hacer la historia cuando quiere avanzar sobre los intereses de las mayorías, cuando iza las banderas de la civilización, entendiendo que la civilización nada tiene que ver con los sectores populares.

El Chacho Peñaloza se enfrenta con Mitre porque después del pacto en 1862, con Urquiza, tiene por objetivo exterminar a todo el federalismo, su dirigencia, referentes, es decir, su base social en el Interior, que era lo que sostenía de manera organizada el federalismo. Mitre convocó a generales de la Banda Oriental, los cuales, según algunos historiadores, recomendaron no eliminar a estos caudillos porque así se garantizaba la paz en esos territorios. El que presiona para que este crimen tan cruel suceda es el gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento, quien en su obra “Facundo” ya había desarrollado su paradigma de “civilización y barbarie” que tanto daño ha hecho a este país.

¿Qué significado político tiene el Chacho Peñaloza? Arturo Jauretche, sociólogo argentino, definía al caudillo como el sindicato del gaucho; tal vez sea la más notable definición. Es un hombre característico de un modo de ser, de un sujeto social que es el gaucho, un indiscutible referente de la región andina (3). Una larga trayectoria de lucha en defensa de su territorio contra el centralismo porteño. Tanto en la etapa de Mitre como en la de Rosas, siendo digno de mucho respeto por otros federales del Interior, ya que fue el primer caudillo federal en levantarse contra Juan Manuel de Rosas. Lo novedoso del Chacho Peñaloza es cómo surge en un ámbito de tanta pobreza, con una geografía muy adversa, en un espacio de marcadas limitaciones económicas producto de las políticas de asfixia que venían desde Buenos Aires, y aún así Peñaloza cuenta con un enorme respaldo.

La victoria de Bartolomé Mitre también significó el triunfo de “una historia”. La de los que intentaron borrar su nombre de la historia, algo que el corazón de los riojanos jamás permitirá que suceda. La historia oficial ni siquiera lo menciona, lo silencia, lo ignora, y cuando excepcionalmente lo nombre es como la clara expresión del atraso latinoamericano, como un facineroso (4). Último General de la estirpe montonera. Caudillo justo, generoso y sabio. No hubo en suelo argentino un gaucho con esa dignidad, capaz de pelear con inigualable coraje y perdonar con tanta grandeza. En nombre de la civilización fue humillado y perseguido como el peor de los bandidos, asesinado y mutilado un 12 de Noviembre de 1863, en la aldea de Olta, en los llanos de La Rioja, con una vida heroica y un trágico final.

En 1975, Michel Foucault, filósofo francés destacado del siglo XX, escribía Vigilar y Castigar, dicha obra comienza describiendo una escena de suplicio público, ya que en la Edad Media  y entrada la Edad Moderna, cuando la tortura era un espectáculo público. Adultos, niños, familias, asistían a estos episodios y se les advertía que era pedagógico (la pedagogía del miedo). Según Foucault este tipo de prácticas se terminaron de abolir recién en el siglo XIX, cuando se advirtió que podía ser contraproducente para el poder y se crea el concepto de cárcel, de encierro, que no es otra cosa que sustraer de la mirada pública el castigo. Castigar no era sólo un castigo al reo sino también un instrumento pedagógico para  toda la sociedad. El espectáculo de humillación al que fueron sometidos en las últimas semana distintos dirigentes y funcionarios públicos del gobierno anterior, en las que se pudieron observar procedimientos de detención por cadena nacional, sugiere el retorno de ciertas prácticas educativas. Esa es la condena, no la cárcel, lo importante es la humillación pública, el tormento como espectáculo pedagógico y disciplinador. ¿Qué se espera de estos castigos ejemplares convertidos por los medios en espectáculos públicos? ¿Cuántos arrepentidos pueden aparecer, o no aparecer por un buen tiempo en la escena política? ¿Cuántos van a votar las reformas que les piden? Foucault explica porque desaparecieron estas prácticas condenatorias y analiza, en primer lugar, que sólo son posibles de aplicar cuando un gobierno tiene mucha fuerza, pero cuando esos gobiernos dejan de tener popularidad sucede el efecto contrario, y empezó a ocurrir que los condenados comenzaron a ser objeto de admiración popular. Es decir, lo que terminó ocurriendo con los suplicios públicos a opositores políticos es que esa pena los terminó convirtiendo en seres admirados, por eso se decidió llevarlos al encierro y en secreto. Hay que aclarar que la  sociedad de encierro que estudia Foucault son las cárceles, las fábricas y los manicomios. Volver a hacer estos castigos públicos conlleva un riesgo muy importante.

La muerte de este caudillo, de este héroe de la Patria profunda, aconteció un 12 de noviembre de 1963 y es un acto político en sí mismo, que permite varios análisis, para reflexionar la actualidad, tanto en lo político como en lo simbólico: se desentraña un castigo y un mensaje. El Chacho Peñaloza ya se encontraba derrotado militarmente. Estaba en su casa con su esposa durmiendo, e Irrazábal, uno de los coroneles, lo sorprende en esta situación, ingresa a su rancho, el Chacho se rinde, sabe que ya no puede seguir luchando pero este coronel encarga que se le corte la cabeza directamente y se escapan con la cabeza del Chacho, la llevan a la plaza principal y la exhiben en una pica. Sarmiento afirma: “No sé qué pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses […] así le enseñamos a los barbaros que ha llegado la civilización…”

 

María Cecilia Moreno – Profesora de historia

 

1 – DI MEGLIO, Gabriel, Mueran los salvajes unitarios, Sudamericana, Bs. As., 2007.

2  -CHUMBITA, Hugo, Jinetes rebeldes, Colihue, Bs. As., 2006.

3-  POMER, León, Historias de gauchos y gauchisoldados, Colihue, Bs. As, 2007.

4 – GALASSO, Norberto, Los malditos, Ed. Madres de Plaza de Mayo, CABA, 2005.

5 – CHÁVEZ, Fermín, Vida del Chacho, Teoría, Bs. As., 1962.