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DECRETO 4161/56 – PROHIBICIÓN DE TODA SIMBOLOGÍA PERONISTA
marzo 4, 2018
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MANUEL DORREGO
junio 10, 2018

24 de marzo

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A dónde van los desaparecidos?
busca en el agua y en los matorrales
y por qué es que desaparecen?
porque no todos somos iguales
y cuándo vuelve el desaparecido?
cada vez que lo trae el pensamiento
cómo se llama al desaparecido?
una emoción apretando por dentro
Rubén Blades

En 1879, Avellaneda y Roca restablecen la esclavitud en nuestro país. Concluía la “Campaña del Desierto” de Roca. Esto se publicaba en el diario La Tribuna, el 31 de enero de 1879.
“Llegan a Buenos Aires los indios prisioneros con su familia, la desesperación, el llanto, no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para, en su presencia, regalarlos a las familias de bien. A pesar de los gritos, los alaridos, y las suplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos hombres indios se tapan la cara, otros hombres indios miran resignadamente al suelo. Pero las madres indias aprietan junto a sus senos al hijo de sus entrañas, y algunos padres indios se cruzan entonces para defender a sus familias de los avances de la civilización.” (1)
Eso hizo la civilización argentina, no los españoles, ni los europeos. Una metodología siniestra bastante parecida a la que aplicaría el brazo ejecutor del golpe de Estado a partir del 24 de marzo de 1976. El cuerpo social tiene historia, y es ésta la que permite explicar tanta crueldad y situar su origen 97 años antes en manos de argentinos en nombre del progreso.
Esa es una curiosidad de nuestra historia que nos han ocultado. Hay otros datos curiosos de nuestro presente que también sorprenden: las leyes de la dictadura, huellas que persisten en nuestra vida en sociedad. La mayoría corresponden al último año de la dictadura, cuando estaban preparando su salida. Textos elaborados con el espíritu de aquella época y con los intereses de ese momento. De 4.449 leyes, 417 son de la dictadura, es decir, casi una de cada 10. Una de ellas es el Régimen Penal Juvenil, la ley 22.278 que rige sobre los menores que están en conflicto con la ley, sancionada en 1980 y firmada por Videla. Dicha ley habilitó en democracia condenas a prisión perpetua a menores, y le valió a nuestro país una sanción de la CIDH, porque permite penar a un menor como si fuera un adulto y encerrar a chicos por debajo de la edad de imputabilidad. Otra ley es la de entidades financieras, Nº 21.526: fue usada para hacer un cambio total en el sistema económico y financiero, centralizó los depósitos, liberalizó las tasas de interés y desreguló así el sistema financiero, construyendo uno concentrado, privatizado y extranjerizado. En lugar de fomentar la actividad productiva, destruye el Estado y toda su actividad productiva. Otra es la ley 21.695 para el personal de la policía, firmada por Videla y Martínez de Hoz. Tuvo modificaciones en democracia pero su principal estructura no se modificó. La definición de una estructura vertical y autoritaria de la fuerza impide, por ejemplo, denunciar ilícitos por fuera de ella. Esto significa que todos los ilícitos de la corrupción policial queda puertas adentro de la fuerza y de la institución. Y es también la que permite que los funcionarios lleven armas cuando están fuera de servicio, lo que provoca 3 de cada 4 muertes cuando hay una intervención policial (2). Estas son apenas unas muestras de las leyes que fueron pensadas, escritas y aprobadas durante la dictadura y que siguen vigentes a la espera de que una dirigencia a la altura de las circunstancias evalúe si se encuentran en los estándares de los Derechos Humanos en democracia.

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Se sabe que la memoria y el olvido dependen de la voluntad. Si bien persisten siempre embriones de memoria, hay, sobre todo en eso que se llama “gente”, una gran propensión al olvido. Principalmente en la clase media que es sin dudas el sector social de mayor predominio cultural. Perón afirmaba muy sabiamente que somos un país de clase media, no porque todos lo seamos, sino porque un sector importante de la clase trabajadora está muy impregnado de las ideas de la clase media. Su aspiración es ser clase media. Y la aspiración de la clase media es ser clase alta, aunque nunca lo será. El punto es que ahí se miden, se copian conductas, votos, percepciones. ¿Por qué se enojaron tantos con el impuesto a las ganancias que ni siquiera tributaban? Así terminan afectados por su aspiración y votan como clase media aunque no lo sean. Así como algunos sectores quieren tener memoria hay otro que prefiere olvidar y que se inclina siempre un poco a la derecha. También hay que decir que la dictadura fue muy popular por momentos, tuvo mucho consenso su política económica, aunque parezca increíble. Un momento cúspide fue el mundial del ‘78, cuando la gente estaba embriagada con todo lo importado que llegaba, y además celebraba el éxito deportivo.
Hay que destacar que la dictadura tuvo resistencia, tuvo héroes, de los que no se habla mucho. Tal vez el más digno sea el movimiento obrero organizado, que fue extraordinariamente resistente. Nos referimos a los delegados de base, de fábrica, no a los burócratas. Había que tener mucho valor para hacer un paro o una asamblea en la dictadura, donde te mataban directamente, y sin embargo se hicieron cerca de 200 paros entre el ‘76 y el ‘78. Ahí tenemos la comisión interna de Grafa o de Mercedes Benz que desaparecieron enteras. El plan económico permitió una transferencia brutal de recursos de los trabajadores a las empresas, que redujo ese 49,5% a un 27% en un año y medio. La mayoría de los muertos y desaparecidos son obreros y peronistas, estudiantes.

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Existieron condiciones estructurales, económico-políticas del golpe del ‘76. Enmarcar el golpe del ‘76 como una alianza que estaba al servicio de un proyecto estratégico, que no fue sólo a nivel local sino a nivel mundial. Lo que se impuso en Argentina fue un proyecto estratégico de sociedad. Lo que estaba en pugna era un proyecto de sociedad posible, lo que había que desarticular era todo lo que había avanzado el pueblo argentino en conquistas sociales, en términos de derechos humanos y sociales que hacían al bienestar de la mayoría de los argentinos. Lo que había que destrozar era nuestro aparato productivo, lo que había que terminar de avasallar era la organización popular que sostenía un proyecto distinto de Nación. Decimos que esto es mundial porque esto se inicia particularmente como ofensiva capitalista en 1971 con lo que fue el desarme de Bretton Woods y la posterior crisis del petróleo. Es decir, hay dos hechos centrales que configuran una nueva ofensiva de Estados Unidos e Inglaterra, del capital angloamericano, que se enmarca primero en destruir los acuerdos de Bretton Woods de la Segunda Guerra Mundial, lo que significa terminar con la convertibilidad del dólar y el oro, para empezar el desarrollo de la globalización financiera. Para esto fue central la crisis del petróleo de 1972-1973, porque de esa forma lavaron cantidades exorbitantes de dinero. La del petróleo fue crisis para algunos y fiesta para otros (los bancos), porque al subir el precio del petróleo los grandes bancos, sobre todo londinenses, empezaron a manejar muchísimo dinero y a expandirse mundialmente con ese capital acumulado. Lo que hubo fue un fuerte desarrollo de producir capital financiero trasnacional. Necesitaban ir por el conjunto de países que están fuera de su órbita y expandir el capitalismo a nivel mundial. No es casualidad que el golpe de 1976 esté protagonizado por esos hombres. Martínez de Hoz no sólo era un miembro de la oligarquía local, también era el asesor de uno de los principales bancos de Estados Unidos, el Chase Manhattan Bank, de Rockefeller, dueño a su vez de una de las principales petroleras mundiales, la Exxon- Mobil (Esso). El que puso el ministro de Economía fue Rockefeller. Ahí hay una alianza social, los militares expresaban eso, o, mejor dicho, los militares que ganaron. Recordemos que había militares nacionalistas y populares que fueron desde el golpe de 1955 en adelante exterminados. Una de las cosas que nos ganaron con el golpe del ‘76 a nivel ideológico y cultural es el tema de lo antimilitar. No necesariamente lo militar es malo, Chávez en Venezuela es una muestra de eso. En Argentina las grandes industrias estratégicas del Estado la desarrollaron los militares nacionalistas y populares, lo que pasa es que esa línea revolucionaria de las Fuerzas Armadas fue exterminada. Como fueron exterminadas en la Iglesia las líneas tercermundistas y populares de la Teología de la Liberación. La destrucción de esas líneas y la imposición de una alianza social entre grupos económicos locales, capitales extranjeros financieros y los sectores de la oligarquía local, desarticularon o destrozaron otra alianza social: la del movimiento obrero organizado, la de las clases medias organizadas como la juventud y los sectores de la pequeña y mediana empresa de producción nacional, y el Estado. Había dos alianzas sociales que se enfrentaron. Una, la que había logrado en 1973 volver a reconstruir la Nación, la alianza Estado-producción-trabajo: ese fue el programa del ‘73, que implicó la nacionalización de la banca y del comercio exterior, fue recuperar por el Estado, y poner otra vez en dinámica a las principales empresas estratégicas que nos otorgaban independencia económica, para no depender de las multinacionales extranjeras, para desarrollar a nivel local alta tecnología. Ese programa nos llevó a que la riqueza se reparta 50 y 50 entre capital y trabajadores, que la pobreza haya sido sólo del 7% (en el 2001 llegamos al 60% de pobreza), que haya pleno empleo y casi todo en blanco (prácticamente sin desocupación), donde la educación y la salud eran un derecho social fundamental y publico, garantizado por el Estado. Había que desarticular una alianza, un programa, una estrategia de poder de los sectores populares, en Argentina y Latinoamérica. Recordemos que Argentina fue uno de los últimos en este proceso que se inició en 1973 con Chile, con los mismos protagonistas, implementando un modelo neoliberal a sangre y fuego.
El programa del golpe fue claro: con la ley de entidades financiera lo primero que desarticularon fue que las finanzas dejen de estar al servicio de los intereses populares y pasen a estar al servicio de los sectores financieros, con lo cual destruyeron la posibilidad de que el ahorro nacional (nuestras finanzas) financien la producción y el trabajo. Fue volver a endeudarnos atrozmente (la deuda del Estado se multiplicó por 9, de 5 millones pasamos a deber 45 millones a acreedores extranjeros), un obstáculo que cae sobre las espaldas de los pueblos y una forma de expropiación de la riqueza. Así te absorben riqueza y rentas. Le cedieron al capital extranjero toda la estructura económica nacional. Proceso que aún hoy pagamos, a pesar de haber llegado al gobierno un proyecto de carácter popular desde que retornó la democracia. Nunca dejamos de tener una estructura económica completamente extranjerizada: de las 500 principales empresas del país, 323 son de capital extranjero. Eso es riqueza de los argentinos que se va afuera en remisión de utilidades, eso es dependencia económica objetiva, que actúa como obstáculo para poder avanzar. Sin independencia económica no hay independencia política posible, ni independencia cultural.
Destruir el trabajo fue otro recurso central que se puso a disposición del gran capital permitiendo la tercerización laboral como forma de explotación mediante la baja de la Ley de Contrato de Trabajo. Hasta hoy padecemos esto, millones de trabajadores sufren la tercerización laboral. Este proyecto político fue lo que consolidó que del 7% de pobreza pasemos, cuando este modelo explota, al 60% de pobreza en el 2001; esto fue lo que generó que del pleno empleo pasemos a una desocupación del 20% y problemas laborales para la mitad de la población en el 2001. Para lograr todo esto hubo que destruir al movimiento obrero organizado, a las organizaciones juveniles de sectores medios y a las pequeñas y medianas empresas de producción nacional, a las organizaciones religiosas populares, y todo lo que era organización popular: no es casual que el 60% de los desparecidos fueran del movimiento obrero organizado, núcleo fundamental de la construcción de un sujeto que pueda darle dignidad y posibilidad de futuro a nuestro país.
Otro instrumento de destrucción del aparato productivo y de desindustrialización fue la apertura comercial, lo cual es parte de los programas de Washington y está escrito muchos años antes del golpe por los mismos dueños del capital. ¿Cómo se destruye la economía de un país? Desprotegiéndola. En Argentina, hasta la propaganda del Estado promovió, por ejemplo, con la publicidad de la silla, que la producción nacional es una porquería y se asocia lo importado o extranjero a lo mejor, y eso quedó hasta hoy en el imaginario colectivo, esa batalla cultural fue de la mano de la económica. Como diría Martí, es una trinchera del imperialismo que quedó. Todo este proceso se consolido en la década del ‘90. La carta de Rodolfo Walsh afirmaba que debían buscarse en la política económica los verdaderos motivos del golpe, en esa miseria planificada. Algo similar va a desarrollar Portantiero al referirse al “empate táctico” que hay entre el ingreso de los trabajadores y el ingreso del mundo empresario, afirmando que es más poderoso que la guerrilla, que para 1975 estaba casi derrotada. En 1975 ese empate táctico todavía era 49,5%. Esa manera de distribución de la riqueza, de un modo tan progresivo, puede pensarse como la clave del golpe. Por eso había que reorganizar la nación.
Memoria, verdad y justicia son fundamentales como bandera, pero es necesario profundizarlo. El golpe de Estado del ‘76 fue un proyecto político estratégico que se instaló y se consolidó de manera hegemónica durante los ‘90. Los aspectos estructurales de aquel proyecto inicial quedaron instalados hasta hoy en la sociedad, tanto en su aspecto cultural como en el jurídico, económico y político. No pudimos recuperar nunca una distribución de la riqueza como la que se alcanzó en 1974, nunca se recuperó el sistema financiero para los argentinos, nunca pudimos desandar ciertos caminos de la legislación laboral porque la correlación de fuerzas para los sectores populares no alcanza. En esta materia el gobierno anterior logró avances pero también retrocesos, lo cual demuestra que las correlaciones de fuerza no son siempre favorables como lo demuestra, por ejemplo, la ley de ART que se promulgó a favor del empresariado, todo esto en el marco de un gobierno nacional y popular. El proceso de extranjerización de nuestra economía se había detenido, es cierto, pero no se revirtió. El primer paso clave en ese sentido fue estatización de los fondos jubilatorios y después la recuperación de YPF. ¿Qué significa o cómo se traduce la felicidad para los sectores populares? Significa que el mango para un albañil alcanzaba para comer todos los días. Esa es la agenda central que hay que retomar de forma imprescindible para recuperar o reconstruir un proyecto nacional y popular en nuestra región, consolidar una nueva matriz productiva, una nueva matriz ideológica y cultural; y el desafío de una nueva organización política, en la que tal vez no estemos todos de acuerdo en todo, porque con esas pretensiones vamos a ser siempre muy pocos. La Memoria, aunque duela, es imprescindible para iluminar el presente. Fortalecer la construcción democrática, las instituciones del Estado y el ejercicio de los Derechos Humanos, debe ser nuestra tarea. Todavía los golpes de Estado no terminaron en Sudamérica. Estas marchas multitudinarias tienen que ayudar a la memoria colectiva del pueblo, sobre todo a los más jóvenes, que escuchen al pueblo, qué es lo que se pregunta el pueblo de una manera tan masiva. 42 años después, este 24 de marzo el pueblo con memoria volvió a manifestarse, organizada y pacíficamente en cada rincón de nuestra patria. Una multitud heterogénea demuestra objetivamente el amplio y genuino consenso que tienen la memoria, la verdad y la justicia. Ahí hay pueblo, en Latinoamérica hay pueblo. A lo que asistimos en las últimas décadas en Sudamérica es una batalla entre proyectos estratégicos.
Organizarse, construir, avanzar y profundizar. Por nuestros 30.000, por nuestra lucha, por todo lo que no se recuperó, retomar ese programa que hizo feliz a nuestro pueblo, que hizo grande nuestra patria y nuestra patria grande, sobre todo.

María Cecilia Moreno – Profesora de Historia

1 – “Historia de la crueldad argentina”, Osvaldo Bayer coordinador, El tugurio, 2010, pp. 85-86.
2 –Catalogo de Leyes de la dictadura, Memoria abierta y colectivo sin fin, 2016.